Los
caballos me encantaban tanto, pero les
tenía mucho miedo, y el Polo nunca
fue una realidad para mí. Pero,
después de caer mil veces y partir
un par de huesos conocí a Mariano
en un asado. El deseo de montar era muy
grande y había escuchado nombrar
a Mariano y La Mariposa por Rui y Sofía.
El me pidió tres horas, para perder
el miedo a los caballos, así que
yo me fuí a La Mariposa un fin
de semana con Rui y a la mañana
temprano le regale mis tres horas. Luego
de dos horas y media, yo estaba con el
taco en la mano. Tres fines de semana
y ya estaba jugando chuckers, tres meses
enganchada y en casa. Mariano me regaló
confianza, espacio, amistad y siempre
muy atento con todos los movimientos,
y me exige, paso a paso, lo que el Polo
me pide. Como todos los deportes hay que
trabajar mucho, ponerle ganas y no todos
los días son buenos. En los días
malos, la mirada de Mariano me hace pensar
en el trabajo de mañana, siempre
con un paso adelante.
La Mariposa no es solamente un lugar para
el Polo, es un hogar del mundo del Polo.
El campo, los caballos, la casa, la comida,
los petiseros, Mariano, la gente de 25,
todo es parte de un conjunto único
donde muy rápido dejamos de ser
extraños o visitantes para formar
parte de esa comunidad. |